
JJCC Versión 2008.
Publicado por Fernanda Bladrich y Andrés Pozo
sábado, 15 de marzo de 2008
Tres caras de la nueva "Jota". De izq. a der.: Gustavo Arias, miembro del Comité Central y encargado de Cultura; el secretario general Óscar Aroca; y Yuri Laiño, dirigente poblacional del Comité de Allegados.
Entre los 5.000 militantes actuales de las Juventudes Comunistas de Chile (JJCC) hay de todo. Lo reconocen ellos mismos, sin pudores. "Hay pokemones jotosos, guitarreros y otros son góticos", explica Susana Zúñiga, estudiante de Sicología de la Universidad de Chile y militante activa. "Incluso te vas a encontrar con varios que tienen familias de derecha", asegura Óscar Aroca (27), actual secretario general de las JJCC. Y remata: "No es necesario ser pobre para ser comunista o no necesariamente un pobre tiene que ser comunista".
Justamente entre esos 5.000 variopintos militantes está Valeska López, la joven de 25 años que se hizo conocida cuando una foto suya -y otra de Manuel Olate, también comunista- fue publicada hace diez días. Allí aparecía sonriente junto al segundo jefe de las FARC, Raúl Reyes, pocos días antes de que éste fuera ultimado en la selva ecuatoriana por tropas enviadas desde Colombia. De regreso a Chile, la semana pasada, Valeska ha hablado poco de ese encuentro con Reyes -que fue en el mismo campamento donde el guerrillero sería asesinado- y son escasos los datos que se saben de ella: que estudia Sicología, que es tranquila, militante de las JJCC desde los 17 años y fanática de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Lo cierto es que, casi sin quererlo, fue ella quien hizo que la atención volviera posarse en este grupo político y que no pocos se preguntaran en qué está hoy la "Jota". Qué piensa, qué hace, cómo se mueve.
Hay que partir diciendo que de sus inscritos actuales, la mayoría son estudiantes de enseñanza media. Según el secretario general de las JJCC, el 2006 se produjo la mayor cantidad de nuevos militantes. Todos ellos alumnos de colegio. Y aunque las cifras del total de participantes los dejan satisfechos, Aroca reconoce que está lejos de los cerca de 80.000 que la "Jota" tenía en los años de la UP. "En todo caso, es mucho mejor que lo que había en los tiempos más difíciles, cuando empezaron a caer los socialismos reales, en que nuestra militancia debe haber bordeado las mil personas", señala.
Los entusiastas escolares que conforman hoy el fuerte de las JJCC no se preocupan de ello. Y prefieren destacar la diversidad que marca hoy a este grupo político. Lo explica una alumna del Liceo Carmela Carvajal que milita en la base comunista Dolores Ibárruri -bautizada así en honor a La Pasionaria, histórica dirigenta comunista española-, que funciona al interior del establecimiento: "El Carmela en sí es como un pandemónium, hay gente de todas partes. De Las Condes, de Maipú, de La Florida, de Puente Alto. Y todas con las mismas ideas, pero realidades distintas".
Sin visita a las FARC
Pero más que diversidad de sus miembros, la principal interrogante respecto a las JJCC -sobre todo después de las fotos de Valeska López en el campamento de las FARC- es la relación del grupo con la violencia. Tema que su principal dirigente descarta de plano. "Sí fue así en algún momento de la dictadura, pero hoy entendemos que la política pasa por otro lado. Hemos puesto el énfasis en la discusión, principalmente en la lucha sin dejar de movilizarnos", explica Aroca.
-¿Y qué opinan de las FARC?-No creemos que es un grupo terrorista. Es un grupo beligerante.
-Pero si las FARC los invitan a su guerrilla, ¿aceptarían?-No. Además esas invitaciones no existen. Nuestra relación con ellos es de solidaridad, porque son una estructura beligerante que cumple con los cuatros requisitos para ello: tienen un mando mayor, un programa, usan uniforme reconocido y tienen un territorio. Acá muchos han tratado de decir que cualquiera se puede comunicar con las FARC, pero eso es tremendamente complicado. Hasta mandar una carta de solidaridad es complejo. Entonces se puede llegar a dar que te encuentres en un evento de carácter internacional, como fue ahora. Pero de otra forma es imposible.
Óscar Aroca insiste en que la política de relaciones de las JJCC es con los partidos comunistas del mundo. Lo cual, en el caso colombiano, deja fuera a grupos como las FARC. "En Colombia, nuestro contacto es con el Pueblo Democrático, partido que ganó la alcaldía de Bogotá. Ahí tenemos nuestras relaciones", señala. Y da por terminado el tema.
Marx y Lenin presentes
Para entender el funcionamiento de las Juventudes Comunistas, necesariamente hay que mirar su estructura, que es la misma que la del PC, salvo que no existe un presidente. En las JJCC la máxima autoridad es el secretario nacional, luego están los secretarios regionales y finalmente los secretarios comunales. Sus unidades en terreno son las bases -en poblaciones, universidades, colegios-, que tienen nombres propios: por ejemplo, la base Enrique París tiene 6 integrantes; la Dolores Ibárruri, 11. También hay un Comité Central, integrado por 50 delegados de comunas a nivel nacional y que se reúne cada tres meses.
Catalina Pérez -presidenta del centro de alumnos del colegio Academia Tarapacá, en Iquique- recuerda que cuando entró a la "Jota" hace tres años tuvo que dar una entrevista personal. A la salida del colegio le habían entregado un panfleto informativo y ella entró a la página web del grupo para ver más información. Cuando fue a inscribirse, la entrevistaron. "Me explicaron de qué se trataba el cuento", recuerda. Básicamente, le informaron de los deberes y derechos de un joven militante, como que debe convertirse en dirigente si el partido lo decide.
En todo caso, hoy esas entrevistas no son comunes. Al menos en Santiago. Según Óscar Aroca, el partido está abierto a recibir a todos los interesados. "No les vamos a revisar la vida", aclara, porque según él algunos "jotosos" provienen de familias de derecha. Sobre este punto, Susana Zúñiga asegura que al menos la mitad de las personas que ingresan a las Juventudes vienen del mundo de la izquierda. "Son hijos de miristas, de ex frentistas, de militantes o ex militantes del partido", explica. La otra mitad, agrega, viene de un sector acomodado, que "jamás han tenido problemas en su vida".
Uno de los mayores problemas para los jóvenes comunistas al momento de ingresar al partido es comunicárselo a sus familias. Cuando Aroca decidió hacerlo en 1996, tenía 17 años. Pese a que su familia es de izquierda, costó que entendieran. "Me decían 'ten cuidado, no te vaya a pasar algo'", cuenta. A Mauro Tamayo, actual concejal comunista de Cerro Navia, tampoco le fue fácil contarle a su familia. "Me decían que por último fuera socialista, que es como más light. Incluso, cuando salí electo concejal, mi mamá me dijo: '¿Cuándo se te pasará esto?'".
Tamayo decidió entrar a las JJCC cuando ingresó a Kinesiología en la Universidad de Chile. "Yo era el típico mechón que llega sin cachar nada de política, que en la casa jamás hablaron del tema", señala. Pero luego de ver el documental "Fernando ha vuelto", de Silvio Caiozzi, que retrata el drama de la familia de un detenido desaparecido, se acercó a grupos de izquierda y la "Jota" lo invitó a las primeras reuniones de adoctrinamiento. El 2001, en el segundo año de carrera, se integró a las JJCC. Fue dirigente estudiantil e incluso llegó a ser parte del Comité Central, cargo que mantiene hasta hoy.
Recuerda que como preparación tuvo que leer documentos como "El Estado y la Revolución" de Lenin, manuscritos filosófico-económicos y, por supuesto, el "Manifiesto Comunista" de Marx. Según agrega Óscar Aroca, una de las mayores preocupaciones de los dirigentes de las Juventudes Comunistas es que los nuevos militantes comiencen estudiando las últimas resoluciones de congresos realizados por el partido o las JJCC, además de conferencias. "Esos documentos tienen bases en pensadores como Marx y Lenin", explica. "Somos marxistas, pero a diferencia de la Unión Soviética o Cuba creemos en el multipartidismo".
Respecto del reclutamiento en los colegios, las JJCC tienen claro cómo operar. Generalmente se relacionan con los secundarios a través de las bases que funcionan en las universidades. Las más fuertes operan en la Universidad de Chile, la USACH, la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, la Universidad de Concepción y la Universidad de Tarapacá. Julio Sarmiento, presidente del Centro de Estudiantes de Salud de la Chile y militante de la "Jota", explica que "nos contactamos con los colegios cercanos, hacemos operativos y salimos juntos". Puede ser una marcha, por ejemplo. Actividad que debe regirse por reglas partidarias. "Tenemos un encargado de masas y autodefensa. Así, cuando hacemos una movilización hay un equipo de seguridad para evitar roces con Carabineros y cumplir los objetivos de la marcha, que no son violentos", señala Sarmiento. Si la marcha la organizan las JJCC, las medidas son aún más estrictas. "Vamos todos juntos para contener a la gente que causa desorden", agrega Susana Zúñiga.
Es justamente en las marchas donde se pone en evidencia una de las normas más importantes dentro del estatuto de la "Jota": el Centralismo Democrático. Lo explica Susana Zúñiga: "Es la libertad en la discusión, pero unidad en la acción. Uno siempre tiene que estar en lo que lo llamen". Porque eso no ha cambiado en la "Jota": el carácter indiscutible de las decisiones que se toman en el partido y el respeto por la jerarquía.
Cambios de hábito
La secretario general de las JJCC asegura que, si bien hay cosas que han cambiado en el grupo, sigue intacto el intenso adoctrinamiento político. "En lo macro no ha cambiado el pensamiento, por lo tanto seguimos siendo una juventud que teoriza con el pensamiento marxista", señala Aroca. Los militantes concuerdan. Una alumna del liceo Carmela Carvajal explica que uno de los comités presentes dentro de cada base es el de educación. "Es el que se preocupa de asignar los libros que vamos a leer, porque la idea no es protestar y que nadie sepa por qué". Hoy, por ejemplo, dice estar leyendo "Los zarpazos del puma", de la periodista Patricia Verdugo, sobre la Caravana de la Muerte.
"En las bases a nivel regional, de universidad o de comuna nos repartimos los textos y los leemos. Llegamos a una reunión y los conversamos. También podemos organizar las llamadas 'instancias de escuela', que duran uno o dos días y adonde van compañeros con más experiencia que exponen temas y los discutimos", dice Susana Zúñiga.
Pero si el fondo no cambia, sí lo ha hecho la forma. "A mí la gente me ve y dice que parezco facho por como me visto", dice Julio Sarmiento, cuya ropa no recuerda en nada a la trova cubana o la moda artesa. "Nos juega en contra el tema de la hoz y el martillo, el poncho, porque son parte de un estigma que no se asocia a cosas buenas", agrega. Hasta los propios militantes reconocen que en su momento tuvieron prejuicios. Como el concejal Tamayo, quien explica que cuando entró a las JJCC "creía que iba a llegar a una reunión donde estarían con pasamontañas y metralleta. Pero no fue así".
Como sea, hoy los militantes de la "Jota" suman 5.000, que según Catalina Pérez representan "una de las juventudes políticas más grandes". La cifra, según datos entregados por los propios partidos, supera a los 3.500 y 4.000 militantes que reconocen las juventudes de RN y la UDI, respectivamente. Pero no alcanza la militancia que reconocen la JS y la JDC: 8.000 y 9.500 inscritos.
Los nuevos aires que soplan en las JJCC se ven en su apoyo a las minorías sexuales, lo cual no siempre fue así. "Hasta los 90, esto no era bien visto en ninguna parte y en nuestro partido tampoco", reconoce Óscar Aroca, quien destaca el rol de Gladys Marín en esta apertura. "Ella era muy amiga de Pedro Lemebel y era muy querida en algunos sindicatos de trabajadoras sexuales. Los cimientos del partido que existe hoy tienen mucho que ver con lo que ella hacía". Así, hoy la "Jota" trabaja de cerca con el Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh) y se definió a favor del matrimonio gay. "Además, levantamos un debate sobre la tenencia de hijos de las parejas homosexuales, que aún no está resuelto, pero creemos que tenemos que ir abriendo camino", señala el secretario general de las JJCC.
Toda esta situación habría sido aún más impensable en la década del 70, cuando los comunistas chilenos se cuadraban con la línea de Cuba, país que en esos años reprimía fuertemente la homosexualidad. Fue por esas razones, disfrazadas como oposición al régimen, que se relegó al ostracismo literario a Virgilio Piñera y se hostigó al también escritor Reinaldo Arenas. El tiempo, sin embargo, ha pasado. Y a la hora de divertirse, los miembros de la Jota también han dejado atrás las ideas de antaño. Por estos días, poco se ven las fiestas guitarreadas. "En las fiestas comunistas se baila de todo. Si es de los militantes más jóvenes, los vas a encontrar bailando reggaetón", cuenta Óscar Aroca. Siempre, en todo caso, hay algún signo que recuerda quién es el dueño de la fiesta. Y las ideas que hay detrás del jolgorio. Lo grafica bien Julio Sarmiento: "Generalmente hacemos fiestas con contenido, que tengan un rollo. Hace poco, por ejemplo, hicimos la fiesta contra el neoliberalismo".
Por Fernanda Baldrich y Andrés Pozo
Foto Maglio Pérez
Publicado por Fernanda Bladrich y Andrés Pozo
sábado, 15 de marzo de 2008
Tres caras de la nueva "Jota". De izq. a der.: Gustavo Arias, miembro del Comité Central y encargado de Cultura; el secretario general Óscar Aroca; y Yuri Laiño, dirigente poblacional del Comité de Allegados.
Entre los 5.000 militantes actuales de las Juventudes Comunistas de Chile (JJCC) hay de todo. Lo reconocen ellos mismos, sin pudores. "Hay pokemones jotosos, guitarreros y otros son góticos", explica Susana Zúñiga, estudiante de Sicología de la Universidad de Chile y militante activa. "Incluso te vas a encontrar con varios que tienen familias de derecha", asegura Óscar Aroca (27), actual secretario general de las JJCC. Y remata: "No es necesario ser pobre para ser comunista o no necesariamente un pobre tiene que ser comunista".
Justamente entre esos 5.000 variopintos militantes está Valeska López, la joven de 25 años que se hizo conocida cuando una foto suya -y otra de Manuel Olate, también comunista- fue publicada hace diez días. Allí aparecía sonriente junto al segundo jefe de las FARC, Raúl Reyes, pocos días antes de que éste fuera ultimado en la selva ecuatoriana por tropas enviadas desde Colombia. De regreso a Chile, la semana pasada, Valeska ha hablado poco de ese encuentro con Reyes -que fue en el mismo campamento donde el guerrillero sería asesinado- y son escasos los datos que se saben de ella: que estudia Sicología, que es tranquila, militante de las JJCC desde los 17 años y fanática de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Lo cierto es que, casi sin quererlo, fue ella quien hizo que la atención volviera posarse en este grupo político y que no pocos se preguntaran en qué está hoy la "Jota". Qué piensa, qué hace, cómo se mueve.
Hay que partir diciendo que de sus inscritos actuales, la mayoría son estudiantes de enseñanza media. Según el secretario general de las JJCC, el 2006 se produjo la mayor cantidad de nuevos militantes. Todos ellos alumnos de colegio. Y aunque las cifras del total de participantes los dejan satisfechos, Aroca reconoce que está lejos de los cerca de 80.000 que la "Jota" tenía en los años de la UP. "En todo caso, es mucho mejor que lo que había en los tiempos más difíciles, cuando empezaron a caer los socialismos reales, en que nuestra militancia debe haber bordeado las mil personas", señala.
Los entusiastas escolares que conforman hoy el fuerte de las JJCC no se preocupan de ello. Y prefieren destacar la diversidad que marca hoy a este grupo político. Lo explica una alumna del Liceo Carmela Carvajal que milita en la base comunista Dolores Ibárruri -bautizada así en honor a La Pasionaria, histórica dirigenta comunista española-, que funciona al interior del establecimiento: "El Carmela en sí es como un pandemónium, hay gente de todas partes. De Las Condes, de Maipú, de La Florida, de Puente Alto. Y todas con las mismas ideas, pero realidades distintas".
Sin visita a las FARC
Pero más que diversidad de sus miembros, la principal interrogante respecto a las JJCC -sobre todo después de las fotos de Valeska López en el campamento de las FARC- es la relación del grupo con la violencia. Tema que su principal dirigente descarta de plano. "Sí fue así en algún momento de la dictadura, pero hoy entendemos que la política pasa por otro lado. Hemos puesto el énfasis en la discusión, principalmente en la lucha sin dejar de movilizarnos", explica Aroca.
-¿Y qué opinan de las FARC?-No creemos que es un grupo terrorista. Es un grupo beligerante.
-Pero si las FARC los invitan a su guerrilla, ¿aceptarían?-No. Además esas invitaciones no existen. Nuestra relación con ellos es de solidaridad, porque son una estructura beligerante que cumple con los cuatros requisitos para ello: tienen un mando mayor, un programa, usan uniforme reconocido y tienen un territorio. Acá muchos han tratado de decir que cualquiera se puede comunicar con las FARC, pero eso es tremendamente complicado. Hasta mandar una carta de solidaridad es complejo. Entonces se puede llegar a dar que te encuentres en un evento de carácter internacional, como fue ahora. Pero de otra forma es imposible.
Óscar Aroca insiste en que la política de relaciones de las JJCC es con los partidos comunistas del mundo. Lo cual, en el caso colombiano, deja fuera a grupos como las FARC. "En Colombia, nuestro contacto es con el Pueblo Democrático, partido que ganó la alcaldía de Bogotá. Ahí tenemos nuestras relaciones", señala. Y da por terminado el tema.
Marx y Lenin presentes
Para entender el funcionamiento de las Juventudes Comunistas, necesariamente hay que mirar su estructura, que es la misma que la del PC, salvo que no existe un presidente. En las JJCC la máxima autoridad es el secretario nacional, luego están los secretarios regionales y finalmente los secretarios comunales. Sus unidades en terreno son las bases -en poblaciones, universidades, colegios-, que tienen nombres propios: por ejemplo, la base Enrique París tiene 6 integrantes; la Dolores Ibárruri, 11. También hay un Comité Central, integrado por 50 delegados de comunas a nivel nacional y que se reúne cada tres meses.
Catalina Pérez -presidenta del centro de alumnos del colegio Academia Tarapacá, en Iquique- recuerda que cuando entró a la "Jota" hace tres años tuvo que dar una entrevista personal. A la salida del colegio le habían entregado un panfleto informativo y ella entró a la página web del grupo para ver más información. Cuando fue a inscribirse, la entrevistaron. "Me explicaron de qué se trataba el cuento", recuerda. Básicamente, le informaron de los deberes y derechos de un joven militante, como que debe convertirse en dirigente si el partido lo decide.
En todo caso, hoy esas entrevistas no son comunes. Al menos en Santiago. Según Óscar Aroca, el partido está abierto a recibir a todos los interesados. "No les vamos a revisar la vida", aclara, porque según él algunos "jotosos" provienen de familias de derecha. Sobre este punto, Susana Zúñiga asegura que al menos la mitad de las personas que ingresan a las Juventudes vienen del mundo de la izquierda. "Son hijos de miristas, de ex frentistas, de militantes o ex militantes del partido", explica. La otra mitad, agrega, viene de un sector acomodado, que "jamás han tenido problemas en su vida".
Uno de los mayores problemas para los jóvenes comunistas al momento de ingresar al partido es comunicárselo a sus familias. Cuando Aroca decidió hacerlo en 1996, tenía 17 años. Pese a que su familia es de izquierda, costó que entendieran. "Me decían 'ten cuidado, no te vaya a pasar algo'", cuenta. A Mauro Tamayo, actual concejal comunista de Cerro Navia, tampoco le fue fácil contarle a su familia. "Me decían que por último fuera socialista, que es como más light. Incluso, cuando salí electo concejal, mi mamá me dijo: '¿Cuándo se te pasará esto?'".
Tamayo decidió entrar a las JJCC cuando ingresó a Kinesiología en la Universidad de Chile. "Yo era el típico mechón que llega sin cachar nada de política, que en la casa jamás hablaron del tema", señala. Pero luego de ver el documental "Fernando ha vuelto", de Silvio Caiozzi, que retrata el drama de la familia de un detenido desaparecido, se acercó a grupos de izquierda y la "Jota" lo invitó a las primeras reuniones de adoctrinamiento. El 2001, en el segundo año de carrera, se integró a las JJCC. Fue dirigente estudiantil e incluso llegó a ser parte del Comité Central, cargo que mantiene hasta hoy.
Recuerda que como preparación tuvo que leer documentos como "El Estado y la Revolución" de Lenin, manuscritos filosófico-económicos y, por supuesto, el "Manifiesto Comunista" de Marx. Según agrega Óscar Aroca, una de las mayores preocupaciones de los dirigentes de las Juventudes Comunistas es que los nuevos militantes comiencen estudiando las últimas resoluciones de congresos realizados por el partido o las JJCC, además de conferencias. "Esos documentos tienen bases en pensadores como Marx y Lenin", explica. "Somos marxistas, pero a diferencia de la Unión Soviética o Cuba creemos en el multipartidismo".
Respecto del reclutamiento en los colegios, las JJCC tienen claro cómo operar. Generalmente se relacionan con los secundarios a través de las bases que funcionan en las universidades. Las más fuertes operan en la Universidad de Chile, la USACH, la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, la Universidad de Concepción y la Universidad de Tarapacá. Julio Sarmiento, presidente del Centro de Estudiantes de Salud de la Chile y militante de la "Jota", explica que "nos contactamos con los colegios cercanos, hacemos operativos y salimos juntos". Puede ser una marcha, por ejemplo. Actividad que debe regirse por reglas partidarias. "Tenemos un encargado de masas y autodefensa. Así, cuando hacemos una movilización hay un equipo de seguridad para evitar roces con Carabineros y cumplir los objetivos de la marcha, que no son violentos", señala Sarmiento. Si la marcha la organizan las JJCC, las medidas son aún más estrictas. "Vamos todos juntos para contener a la gente que causa desorden", agrega Susana Zúñiga.
Es justamente en las marchas donde se pone en evidencia una de las normas más importantes dentro del estatuto de la "Jota": el Centralismo Democrático. Lo explica Susana Zúñiga: "Es la libertad en la discusión, pero unidad en la acción. Uno siempre tiene que estar en lo que lo llamen". Porque eso no ha cambiado en la "Jota": el carácter indiscutible de las decisiones que se toman en el partido y el respeto por la jerarquía.
Cambios de hábito
La secretario general de las JJCC asegura que, si bien hay cosas que han cambiado en el grupo, sigue intacto el intenso adoctrinamiento político. "En lo macro no ha cambiado el pensamiento, por lo tanto seguimos siendo una juventud que teoriza con el pensamiento marxista", señala Aroca. Los militantes concuerdan. Una alumna del liceo Carmela Carvajal explica que uno de los comités presentes dentro de cada base es el de educación. "Es el que se preocupa de asignar los libros que vamos a leer, porque la idea no es protestar y que nadie sepa por qué". Hoy, por ejemplo, dice estar leyendo "Los zarpazos del puma", de la periodista Patricia Verdugo, sobre la Caravana de la Muerte.
"En las bases a nivel regional, de universidad o de comuna nos repartimos los textos y los leemos. Llegamos a una reunión y los conversamos. También podemos organizar las llamadas 'instancias de escuela', que duran uno o dos días y adonde van compañeros con más experiencia que exponen temas y los discutimos", dice Susana Zúñiga.
Pero si el fondo no cambia, sí lo ha hecho la forma. "A mí la gente me ve y dice que parezco facho por como me visto", dice Julio Sarmiento, cuya ropa no recuerda en nada a la trova cubana o la moda artesa. "Nos juega en contra el tema de la hoz y el martillo, el poncho, porque son parte de un estigma que no se asocia a cosas buenas", agrega. Hasta los propios militantes reconocen que en su momento tuvieron prejuicios. Como el concejal Tamayo, quien explica que cuando entró a las JJCC "creía que iba a llegar a una reunión donde estarían con pasamontañas y metralleta. Pero no fue así".
Como sea, hoy los militantes de la "Jota" suman 5.000, que según Catalina Pérez representan "una de las juventudes políticas más grandes". La cifra, según datos entregados por los propios partidos, supera a los 3.500 y 4.000 militantes que reconocen las juventudes de RN y la UDI, respectivamente. Pero no alcanza la militancia que reconocen la JS y la JDC: 8.000 y 9.500 inscritos.
Los nuevos aires que soplan en las JJCC se ven en su apoyo a las minorías sexuales, lo cual no siempre fue así. "Hasta los 90, esto no era bien visto en ninguna parte y en nuestro partido tampoco", reconoce Óscar Aroca, quien destaca el rol de Gladys Marín en esta apertura. "Ella era muy amiga de Pedro Lemebel y era muy querida en algunos sindicatos de trabajadoras sexuales. Los cimientos del partido que existe hoy tienen mucho que ver con lo que ella hacía". Así, hoy la "Jota" trabaja de cerca con el Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh) y se definió a favor del matrimonio gay. "Además, levantamos un debate sobre la tenencia de hijos de las parejas homosexuales, que aún no está resuelto, pero creemos que tenemos que ir abriendo camino", señala el secretario general de las JJCC.
Toda esta situación habría sido aún más impensable en la década del 70, cuando los comunistas chilenos se cuadraban con la línea de Cuba, país que en esos años reprimía fuertemente la homosexualidad. Fue por esas razones, disfrazadas como oposición al régimen, que se relegó al ostracismo literario a Virgilio Piñera y se hostigó al también escritor Reinaldo Arenas. El tiempo, sin embargo, ha pasado. Y a la hora de divertirse, los miembros de la Jota también han dejado atrás las ideas de antaño. Por estos días, poco se ven las fiestas guitarreadas. "En las fiestas comunistas se baila de todo. Si es de los militantes más jóvenes, los vas a encontrar bailando reggaetón", cuenta Óscar Aroca. Siempre, en todo caso, hay algún signo que recuerda quién es el dueño de la fiesta. Y las ideas que hay detrás del jolgorio. Lo grafica bien Julio Sarmiento: "Generalmente hacemos fiestas con contenido, que tengan un rollo. Hace poco, por ejemplo, hicimos la fiesta contra el neoliberalismo".
Por Fernanda Baldrich y Andrés Pozo
Foto Maglio Pérez

1 comentario:
LA EDUCACIÓN ES UN DERECHO.
Las necesidades insatisfechas de las personas generan pérdida del recurso humano, cuando no crimen y violencia.
Nadie está seguro sabiendo que alguien tiene que robar, asaltar o delinquir para poder comer.
Se perderán miles de talentos, por el simple hecho de nacer en una familia con escasos recursos.En esta lucha Uds. han sido fundamentales.
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